jueves 24 de noviembre de 2011

Diario del club: Orgullo y prejuicio


Los clásicos siempre vuelven.
Y lo hacen de una manera singular, marcando el ritmo de la lectura, provocando palabras y reflexiones mucho más elaboradas que en otros casos.
Lo hacen también imprimiendo cierta compostura, afinando las orejas que se afanan en descubrir lo que los otros han leído entre líneas en las mismas páginas que nosotros/as. Las conclusiones a las que han llegado, lo que más les ha sorprendido o emocionado, la frase que apuntaron, la relación que establecieron con los personajes...
Somos 23 personas, un sábado por la mañana, hablando de Orgullo y prejuicio de Jane Austen. Y cada una aporta su propia forma de ver una misma historia. Mientras una habla, las otras..os escuchan, atentamente, para releer de nuevo el libro, a través de sus palabras.
Es lo que tienen los clásicos, que siempre que vuelven lo hacen provocando algo nuevo, algo inmortal, algo imperecedero.
Los Bennet son una de esas familias de la campiña inglesa que vive tranquilamente, esperando a que suceda algo trascendental, por ejemplo, un viaje a Londres o la llegada del regimiento a la región: el padre, un caballero no demasiado rico, inteligente, pero tampoco en exceso; paciente, eso sí; la madre, una mujer desesperada por casar a todas sus hijas, aparentemente desquiciante, pero, en el fondo, hasta comprensible, si tenemos en cuenta que estas jovencitas no tienen otra salida honrosa en esta sociedad, nada más que el matrimonio; las hijas, para todos los gustos: la enamorada Jane, inocente en todos los sentidos, que no ve maldad en nadie; Lizzy, nuestra protagonista, joven impetuosa, al menos, hasta una medida honorable, orgullosa e independiente, también hasta el punto que se puede ser independiente sin caer en extremos; Lydia, la más desenfrenada de las cinco hermanas, actúa sin pudor, y aunque bordea más de una vez el escándalo, siempre queda en la frontera; Kitty y Mary, las pequeñas, a veces, ni se nota que existen, una impulsiva y algo ligera de cascos, que se deja influenciar por quien tenga más cerca; la otra, ni nos deja huella, a no ser por los golpes que les da a las pobres teclas del piano. Además del núcleo familiar, hay otro miembro más: el reverendo Collins, es sobrino del señor Bennet y, debido a las leyes inglesas sobre las herencias familiares, el heredero de su tío.
La novela, en sí, tiene mucho para descubrir, pero además está sazonada con un estilo tranquilo y ameno, con un fino humor y un gran acierto en las descripciones y en el análisis de ciertas circunstancias, con una ironía sutil y con otras características que han hecho a Jane Austen una de las escritoras más representativas de la literatura inglesa.